Lo que ha ocurrido con la exconcejala María José Cortés es una cuestión que, inicialmente, debe tener un perfil de normalidad. Una persona joven que se mete en política municipal, gracias a sus contactos con el equipo de gobierno anterior, con el que colabora, primero y trabaja después. Tiene unas características que hoy priman en política, mujer, joven y, supuestamente, preparada. Si a eso se le añade su aparente capacidad para sacar adelante cuántos retos se le pongan por delante. Hasta aquí nada que objetar, podía gustar más o menos, pero es una situación natural, lo que ya no parece tan natural es la prepotencia y la tendencia a convertirse en “superwoman”, es decir, capaz de sacar adelante todo lo que le llegara y las responsabilidades que le llegaron fueron muchas y a todas ellas quiso acudir con argumentos de capacidad que a conocidos y extraños les puso en guardia, por aquello, de ¿qué se habrá creído esta muchacha?
Además, según informaciones que van de boca en boca, esta señora se ha encontrado con un problema insalvable como son las presiones derivadas de las promesas que el alcalde fue haciendo a diestro y siniestro durante la campaña electoral. Aquello de “no te preocupes, tu me votas, que cuando te haga falta un puesto de trabajo, aquí estoy yo”. Y ahora con todo lo que hay de crisis el alcalde está desaparecido y el “marrón” se lo ha tenido que comer esta señora.
No quiero con estos comentarios responsabilizar a María José Cortés del problema, ni tampoco librarla del mismo, yo creo que este asunto es un fiel reflejo de un gobierno prepotente, vanidoso y que está de espaldas a las necesidades de las personas. Además un gobierno que crea ámbitos de responsabilidad muy por encima de las posibilidades reales de las personas y que adula a las personas y que a su vez estas personas se creen capaces de abordar todo lo que le llega, porque de alguna manera desprecian a los que no las entienden. Utilizan frases como “¿qué sabrás tu de estos asuntos?” o “no te preocupes, no hables con nadie, esto lo resuelvo yo”. Esta situación se convierte en insostenible a todas luces, porque o no se tiene estómago y vale todo o se revienta, porque llega un momento que no se resuelven las cosas como uno quisiera.
En mi opinión, una retirada a tiempo es una victoria, en el ámbito de lo personal y María José Cortés es posible que haya “ganado” con esta decisión, solo el tiempo dará o quitará la razón.
Desde luego, el que tiene un numerito de mucha guasa es el alcalde, ¿quién la sustituye? El siguiente es Alonso Falcón que automáticamente quedaría sumergido en el asunto de los Bancales, conjuntamente con el concejal Salvat, mal rollo. Y, ¿después? todo un conjunto de posibilidades diversas y que los que tienen que decidir lo deberán hacer con mucho cuidado y tacto. El gobierno de un ayuntamiento en situación de mayoría absoluta tiene muchas ventajas, pero también tiene sus problemas.
Para terminar, con la salida de María José Cortés tiene el equipo de gobierno una oportunidad de ahorrar en sueldo de concejales o concejalas.