En estos momentos de crisis financiera, económica y, sobre todo personal, se ha abierto la veda para que cualquier cosa valga para justificar las actitudes irresponsables de bastantes entidades bancarias, empresas, empresarios y empresarias, instituciones y demás estructuras sociales. Me estoy refiriendo que los comentarios que se escuchan en la calle, es que hasta dónde vamos a llegar, que los bancos pierden, que las empresas están en bancarrota, que no hay dinero para nada, que pobrecitas las personas que tienen una empresa y van a perder su dinero e, incluso, que algunas de estas personas han dejado de ganar mucho dinero y que no tienen más remedio que despedir a gente, porque ahora no se vende nada. Todo eso puede tener visos de razón, pero nos olvidamos que, en realidad, los paganos de la crisis, como siempre, son los que menos tienen, los trabajadores y las trabajadoras que viven de su salario y que no tienen la posibilidad de conseguirlo, porque lo primero que ocurre en una situación de éstas es quitarse de encima el peso del personal.
Esta situación se está viendo cada día más palpable en nuestro pueblo, cada vez es más fácil que te encuentres a alguien que busca trabajo y que lleva algunos meses sin encontrarlo, que te pregunta ¿qué hago? yo solo soy albañil y ahora no hay trabajo. Claro la respuesta es complicada, porque entre otras cosas, según dicen los actuales economistas más liberales-socialistas, es que el mercado manda y el mercado no se equivoca. Si el mercado manda que hay que tener paro, los empresarios especuladores no encuentran un buen acomodo de su dinero en la construcción, se retira para que el mercado le dé más rentabilidad.
¿Acaso se cree alguien que los grandes empresarios de las constructoras y las inmobiliarias se han quedado en la ruina? Estos señores han colocado a buen recaudo su dinero y sus empresas constructoras e inmobiliarias acuden a toda clase de artilugios para que se puedan cerrar, despedir trabajadores y trabajadoras y que además las deudas que declaran sea las menores posibles y mientras invierten en otros sectores que son ahora mas convenientes a sus intereses. En definitiva, una vieja historia, los menos, que son los que tienen más, ganan más y los más, que son los que menos tienen, pierden.
Pero lo peor de todo es escuchar, a los miembros del Gobierno de la Nación y de la Junta de Andalucía, miembros de un partido socialista, decir que en definitiva no hay nada que hacer, porque lo único posible es arbitrar medidas para tratar de paliar el paro que hay y que va a haber, pero que hay que esperar en plan Don Tancredo, a que pase la tormenta. Pero ¿estos señores no saben que un Estado como España tiene que procurar que la riqueza del país se redistribuya? ¿Por qué no ponen en marcha medidas para controlar que los grandes capitales no sirvan para que unos pocos ganen cada vez más? En vez de eso, se baja la presión fiscal a las grandes empresas, se mantienen los impuestos a la mayoría de la población y, sobre todo, se acude a salvar negocios de dudosa legalidad.
Si en estos momento los dineros públicos no se utilizan para fomentar los sectores productivos y todo se deja al vaivén del libre mercado, la crisis la seguiremos padeciedo los mismos y las mismas. Por esa razón debemos saber muy claramente cuáles son las empresas que hay que apoyar, mejorar la gestión de las empresas públicas y conseguir que el sector público garantice el bienestar de la población y, eso significa hacer posible que el sol salga para todas las personas.

